Ruta del Quijote – III

agosto 11, 2016 en Castilla la Mancha, España, Península ibérica

Tras un paso breve por Herencia, (otro pueblo por los que nuestro hidalgo debió pasar, aunque no hay ninguna mención expresa), nos encaminamos a Alcázar de San Juan.dia-1-036-alcazar-de-san-juan

Este pueblo ciudadrealeño casi en contacto con Toledo, es uno de los más grandes de toda Castilla La Mancha, y uno de los más antiguos, fundado por los celtíberos, y es parte importante para nuestra novela.

Tanto, que a día de hoy los alcazareños afirman sin duda que don Miguel de Cervantes Saavedra nació en su localidad. Quizá parezca una locura a los no muy duchos, ya que se asiente con total rotundidad que Cervantes nació en Alcalá de Henares, pero la misteriosa vida, y sobretodo orígenes suyos y de su familia, hacen que se disparen toda clase de dudas. Parece que Cervantes ocultó sus orígenes a modo de limpieza de sangre por venir de familia judía. De tal grado nos resulta confuso determinar muchas cosas de su vida.

Y en la parroquia de Santa María la Mayor de Alcázar, custodian algo muy importante:
Una partida de bautismo de 1558 de Miguel de Cervantes Sabedra, hijo de Blas de Cervantes Sabedra y Catalina López.
Para más inri, el Bibliotecario Mayor del Rey Felipe V, Blas Antonio Nasarre y Férriz, escribió en un lateral: “este fue el autor de la Historia de D. Quixote”. Tanto arraigo trae este posible lugar de nacimiento, que durante la Guerra Civil, Alcázar de San Juan pasó a denominarse durante un tiempo Alcázar de Cervantes.

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Lo cierto y verdad, es que Cervantes nació en Alcalá de Henares, así lo atestigua él mismo en la Declaración de Argel, y si fuese cierta la partida de bautismo de Alcázar, don Miguel hubiese combatido en Lepanto con 13 primaveras, incluso se hubiese batido en duelo con la tierna edad de 11 años.

Uno, por el contrario, podría pensar de la lógica de un Cervantes ciudadrealeño visto cómo conocía a la perfección sus parajes y pueblos, bastante poco frecuentados, pero hay que tener en cuenta que nuestro más ilustre escritor fue recaudador real, y estuvo destinado en esa zona. De allí cogió la inspiración y el detalle para tantas nobles aventuras.

Y como hiciese ese astuto recaudador, y en ocasiones buscador de problemas, caminamos a otro lugar tan importante en la novela, que se convirtió en emblema, no sólo de ella, sino de toda La Mancha. Los molinos de viento de Campo de Criptana.

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“En esto descubrieron treinta o cuarenta molinos de viento que hay en aquel campo; y así como don Quijote los vio, dijo a su escudero:
— La aventura va guiando nuestras cosas mejor de lo que acertáramos a desear; porque ves allí, amigo Sancho Panza, donde se cubren treinta o pocos más desaforados gigantes, con quien pienso hacer batalla y quitarles a todos las vidas, con cuyos despojos comenzaremos a enriquecer; que ésta es buena guerra, y es gran servicio de Dios quitar tan mala simiente de sobre la faz de la tierra.”
Don Quijote Parte I. Capítulo VIII.

Según la mayoría de estudiosos ese campo y esos molinos, que rivalizan con Consuegra, realmente son los de Campo de Criptana.

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Esta preciosa villa (patria chica de la inmortal Sarita Montiel) convive entre los molinos y el blanco y azul de las casas, los colores típicos que podremos encontrar en La Mancha, aunque de los 30 o 40 molinos, hoy nos queden diez (tres de ellos datan del s.XVI), el encanto no se ha perdido en absoluto.

Parece mentira que estos molinos sobreviviesen a la Guerra de la Independencia o a la primera Guerra Carlista, puesto que vivieron en primera línea estas acciones bélicas.
Por suerte, así como hizo enloquecer a don Alonso Quijano, todavía puede hacernos enloquecer a nosotros. ¡Pero no luchen contra ellos, que se mantengan por muchos siglos más!

Existe un centro de interpretación de los molinos, algunos de los cuales son visitables a día de hoy. Para más información, click aquí.