Por tierras Zaragozanas

octubre 8, 2013 en Aragón, España, Península ibérica

Nuestra nueva ruta nos lleva por tierras zaragozanas, así que madrugamos para poner rumbo por la A-2 hacia nuestro primer destino…
Empezamos la ruta con un lugar para nada desconocido, pero bello como lo que más, el Monasterio de Piedra, maravilla natural formada por el río Piedra, en la localidad de Nuévalos, donde, a través de sus 5km de ruta podemos tropezarnos con increíbles cascadas, relajantes parajes, y una espectacular gruta detrás de un imponente salto de agua. Merece la pena visitar también el monasterio, del s.XIII.
En general, aunque la entrada es cara (os ahorráis 4 euros si lleváis Carnet Joven de la Comunidad
de Madrid) merece y mucho la visita. Es algo que hay que ver, que disfrutar, pasear por las formaciones naturales, ampliamente impresionantes y dejarse embaucar por una belleza exuberante y generosa, donde el agua hace de demiurgo para horadar las más sutiles y caprichosas formas en la piedra.
Retazos de naturaleza – Monasterio de Piedra –
Y ahora, propiamente, vamos con nuestra España desconocida, esos lugares que pertenecen a nuestra historia pero que no suelen salir en las guías turísticas, y que realmente merecen un vistazo relajado y abierto a la sorpresa, pues encontramos auténticas joyas dignas de visitar.
Aniñón es uno de los sitios que habíamos decidido visitar después de indagar un poco por las herramientas que tenemos al alcance de nuestra curiosidad, como Google Earth, que se convierte en un aliado fundamental a la hora de descubrirnos enclaves y lugares.

 

Vista de Aniñón desde la carretera de acceso
Este pequeño pueblo  situado en lo alto de un cerro, emerge ante nosotros tras un cambio de rasante en el que vemos, asombrados cómo destaca su enorme iglesia-fortaleza del s.XIV, de estilo mudéjar, y que se encuentra dentro de las rutas mudéjares que pueblan la zona. Una vista realmente impresionante.
Sorprende sobremanera que un pueblo de 800 habitantes disponga de una iglesia de tales magnitudes. Y es que la iglesia ejercía como fortaleza dentro de esa zona fronteriza entre Castilla y Aragón, en guerra en aquel siglo, dato bastante desconocido dentro de la intra-historia.
De la forma más tonta, como esas casualidades que surgen en los grandes viajes, conseguimos el teléfono de quien nos podría abrir la iglesia, que se encuentra cerrada normalmente, la persona encargada del Museo del aceite de la plaza Antonio Pereiro sería nuestro “cicerone” particular, una oportunidad que no podíamos dejar escapar.
Si sorprende por fuera, abruma por dentro. Y es que alberga en su interior un gran retablo de madera del s.XVI en perfecto estado, así como una capilla del s.XVIII con toda su policromía prácticamente intacta.
Retablo y detalle del mismo (Iglesia-fortaleza)

 

Capilla lateral y trampantojo (Iglesia-fortaleza)
De Aniñón, emprendemos ruta hacia uno de los sitios más tétricos y absorbentes de nuestro país. Un lugar tristemente famoso por su historia, y por la dejadez contemporánea donde jóvenes irrespetuosos buscadores de , y toda clase de gente, (según censos, unas 10.000 personas al año), contribuyen a una destrucción lenta y penosa de lo poco que va quedando del resto pétreo de lo que fuimos a principios del siglo pasado.
Hablamos de Belchite, herida abierta para muchos zaragozanos, para los cuales estas prácticas son una ofensa en un suelo sacro, por obligación, que vio hace más de 70 años como toda una vida entera se paralizaba, desde que el pueblo quedó arrasado por las tropas republicanas durante la batalla que lleva su nombre, en 1937, y Franco decidiese dejar el pueblo intacto, como recuerdo de la contienda.
Desde marzo de 2013 el acceso está restringido, exceptuando las visitas guiadas que se realizan y que las autoridades decidieron contratar (el precio es bastante razonable).
Belchite

Es un sitio que impregna a sus visitantes de dolor, que roba energía, un enclave melancólico y

deprimente, huella de una lucha de hermanos contra hermanos que nunca debería volver a ocurrir, y que sorprende por su fragilidad, no infundada, ya que hay peligro real de derrumbe. Sobrecoge.
Sumidos en un respetuoso silencio, compungidos nos abrigó una aciaga noche y allí dejamos la torre mudéjar de la iglesia de San Martín, masacrada, solitaria en medio de la nada, con relámpagos que la iluminaban en medio de la tormenta que se vislumbraba por el horizonte, la desazón nos derrumbó, así pues, pusimos rumbo al pueblo vecino, cuna de uno de los grandes entre grandes.
Fuendetodos es el pueblo natal de don Francisco de Goya y Lucientes, para muchos, el pintor español más brillante de todos los tiempos.
Placa en la casa natal de Goya
En la negrura de la noche, con los farolillos de mercurio de las calles, y en medio de una intensa niebla, que resaltaba un añorado olor a chimenea y fuego crepitante, la vista del pueblo atrapa. Ni un alma en la calle, también entendible por sus escasos 180 habitantes… Entendemos ahora, mejor y en parte, esa cosmología oscura y taciturna de un Goya con velones en el sombrero, reflejando una oscuridad sólo comparable a la de un pueblo sin corriente eléctrica, y ceñido al más frío de los inviernos, entre el cierzo y la niebla más intensa… reflejo de alguna vivencia albergada en el background de su infancia, sin lugar a dudas.
Fuendetodos
Fuendetodos
Allí se encuentra su casa natal, en la plaza homónima que descansa a la sombra del arco de San Roque, por donde se llega a la Iglesia que se alza en el centro del pueblo, y junto a ésta, el museo del Grabado.
Aunque no pudimos adentrarnos debido a la noche, en las inmediaciones de Fuendetodos se encuentran las construcciones llamadas “neveras”, similares a las famosas “navetas” baleares, que datan del s.XVIII, donde se almacenaba la nieve del invierno, a modo de alacenas comunes, o las rutas por los restos de la Guerra Civil… prometemos volver para documentar tan singulares enclaves, que seguro nos permiten conocer mejor esa sociedad de los años 20 y 30, una época de luces y sombras, de guerra y barbarie, de cambios, convulsiones y surgimiento de brillantes nombres y obras… una de las épocas más intensas de nuestra historia más reciente.