Madrid Sacro I

marzo 6, 2014 en España, Madrid, Península ibérica

Hoy os proponemos un post diferente. Una visita seccionada por tres templos madrileños llenos de arte y majestuosidad. Maravillas que parecen escapar a nuestra vista, sobretodo a los madrileños, o medio madrileños como nosotros, que seguramente hayamos pasado por delante de magníficos monumentos con siglos y siglos de historia e importancia, y no hayamos prestado el más mínimo interés.

Algunos son conocidos, aunque muchos no hayan visitado por dentro, otros son, directamente, desconocidos para la mayoría, como San Antonio de los Alemanes.

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  • San Antonio de los Alemanes: Esta iglesia, muy cerquita de Callao y la calle Desengaño, pasará desapercibida para todo el que deambule por las inmediaciones, pues su humilde fachada no hace pensar en lo que uno va a encontrar en el interior.

El templo, del s.XVII, custodia un magnífico ejemplo de arte barroco, con unos fascinantes frescos de Juan Carreño de Miranda y Francisco Ricci, y Luca Giordano en segunda instancia.

Un horror vaccui que atrapa y que hace al visitante sentirse atraído como si de ley de la gravedad se tratase.

Otra parte de la iglesia es la cripta, un sencillo y frío sótano donde descansan los cuerpos de las dos infantas de Castilla, Berenguela, hija de Alfonso X, y Constanza, hija de Felipe IV.

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Aquí podrás contemplarla y oírla 

  • San Francisco el Grande: Adelantamos cien años nuestro reloj histórico y nos vamos al s.XVIII. Francisco Cabezas y Francesco Sabatini fueron los que se encargaron de crear nuestra “catedral chica”, sobre lo que  fue un convento en el s.XIII.

Sorprendente y deslumbrante, la grandiosidad del templo se refuerza con una magnifica cúpula, la tercera más grande de la cristiandad, solo por detrás del Panteón de Agripa y de San Pedro del Vaticano, ambas en la ciudad de Roma.

El templo está lleno de detalles, si se rebusca por los cuadros, se encontrará el pincel de un joven Francisco de Goya y Lucientes, y si contempla la potencia de las esculturas de los apóstoles que custodian la basílica, hechas en mármol de Carrara, cada una manufacturada por un autor diferente, encontrará la mano de Mariano Benlliure o de Ricardo Bellver tras ellas.

Sobrecoge el esplendor de la oscura basílica, iluminada con sabias y tenues luces, creando una gran perspectiva de las colosales esculturas y la impresionante cúpula.

En el s.XIX se proyectó en ella un Panteón Nacional, a la que llevar los restos de nuestros ilustres. Calderón de la Barca, Ventura Rodriguez, Lope de Vega o Quevedo, entre otros.

Sólo cumple su función durante 5 años y tras esto, a los huesos se les devuelve a sus lugares de origen, perdiendo en el camino a varios de ellos, y otros son trasladados a lugares que poco después se destruirían, como recordamos en el post “De las ilustres tumbas perdidas”.

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  • Monasterio de las Descalzas Reales: No tan desconocido para el madrileño de pro, pero si para el resto de turistas. Su fachada tampoco ayuda mucho para, siquiera, pensar lo que dentro se custodia. Una sencilla portezuela que indica el nombre del monasterio, nos sirve de paso para adentrarnos a un lugar lleno de pasado, de arte y de realeza, puesto que fue fundado por Juana de Austria, y que acogió a varios Austrias entre sus filas, familia que reinó en España, a la que convirtieron en primera potencia mundial, y cuya estirpe se diseminó por toda Europa.

Tan céntrico monumento, edificado en el s.XVI, comprendería toda la parte de Sol, hasta la plaza de Callao, pero tras la desamortización de Mendizábal, queda reducido a lo que hoy conocemos, que tampoco es nimio, más si tenemos en cuenta que sólo 20 monjas son custodias de tan singular enclave y tan prolija tradición.

Las fotos que podéis ver no son nuestras. Es el pobre archivo gráfico que hay disponible, hechas por un fotógrafo con suerte, o amigo de alguien de Patrimonio, y es que, si entendemos que fotografiar una pintura o un tapiz con un flash podría dañar, aunque sea mínimamente, no entendemos ni nos cabe en la cabeza que no se puedan hacer fotos sin flash. O que para hacerlo haya que gestionar permisos millonarios, inasumibles para comunes mortales sin un potente medio de comunicación detrás.

Nuestra intención es acercar el monasterio, nuestro patrimonio, que como españoles nos pertenece, al gran público, para que lo admiren, para que recuerden la Historia, para quien desea buscar el detalle, siempre de una manera gratuita, más que eso, costosa. Parece que a las autoridades (y sin ser autoridades, puesto que en muchos sitios, en España aclaro, existe esta prohibición) no les interesa que conozcamos el trabajo de nuestros antepasados, y la única manera de fotografiar el sitio es pidiendo una autorización escrita, pagar un seguro, y demás burocracias fuera de lógica.

Por suerte, las tonterías a las que nos tienen acostumbrados desde las altas esferas no emborronan un hermoso espacio, en el que recordamos la recargada escalera, llena de frescos en los que podremos ver a varios Austrias, dadores de la fausta obra.

El lugar, lleno de rincones y detalles, belleza y obras de arte, como tapices flamencos, o las joyas de la corona, La moneda de César, de Tiziano, la Epifanía, de Brueghel el Viejo, o la que más nos impresionó, el San Francisco, de Zurbarán, otro gran olvidado.

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Mención merece que en este monasterio descansase uno de los cuadros más famosos de la Historia, La Anunciación, de Fra Angélico, en el que estuvo hasta mediados del s.XIX, momento en el que pasó al Museo del Prado.

En definitiva, es más que merecida una visita a esta joya oculta entre callejuelas y centros comerciales, en el centro de Madrid.