Los tesoros del Duratón

diciembre 6, 2013 en Castilla y León, España, Península ibérica

Vivimos apegados a la inmensidad.
Lo enorme vende, nos llama la atención y nos atrae. Como ese regalo de Navidad gigante, al lado de uno pequeñito.
Por ser más grande pensamos que es mejor. No apreciamos el detalle… pasa desapercibido… Ya se sabe el refrán (burra grande, ande o no ande)…
Nuestra Señora de la Asunción. 1203. Duratón
Algo así le pasa a la iglesia románica de Duratón, villa romana, visigoda y medieval, hoy en día, una pequeña pedanía de tan sólo 45 habitantes, perteneciente al término de Sepúlveda.
En tan pequeño terreno encontramos una gran iglesia. Uno de los templos más bonitos del románico castellano, auténtica obra de arte en piedra, en medio de la inmensidad segoviana, olvidada y en un silencio reverencial, por lo menos desde 500 años a esta parte. La Iglesia de Nuestra Señora de la Asunción, de 1203.
Capiteles labrados con motivos animales, y secuencias históricas con figuras humanas y antropomorfos
Detalle capitel con grafitos en los arcos de las columnas, a modo de mandorlas / hornacinas

 

Detalle capitel, laboriosamente trabajado. Ángel con incensario y cuerpos yacentes

Pocas casas encontramos en este lugar, pero en un espacio tan “minúsculo” topamos con un puente romano, una necrópolis visigoda, y la citada iglesia románica, que nos hace volar la mente hasta esos libros de Juan G. Atienza, de los que hemos mamado y que han ejercido de padres espirituales.

Pero volviendo al dilema de la inmensidad frente a lo minúsculo, es que, vista desde fuera, es imponente, preciosa y digna de fotografiar, pero si nos imbuímos de ella, si hacemos el esfuerzo por entenderla, por comprender el porqué de sus imágenes, el significado que quisieron darle a sus capiteles y arquivoltas, nos damos cuenta de que todo el significado, a priori decorativo, va mucho más allá. Es como ojear un libro. O más que eso, un bestiario oculto. Un relicario de claves que nos conectan con una realidad velada.
Figura fantástica, bastante recurrente en estos templos. Exterior del ábside

 

Capitel con figura regia y grafitos en la arcada, a modo de mandorla / hornacina

 

Grafitos

Ver con la lupa del que se interesa, con los ojos del que se pregunta cosas, es ver la puerta. Se puede tener o no la llave, la clave, la manera de descifrar el criptex, pero al menos sabes que eso existe, que ahí está tu reto, y que la sola contemplación es mágica.

Dragones, duendes, reyes, hasta grafitos árabes de la época a la que perteneció ese reino “ibérico” que fue Al-Andalus.
Como dos buscadores encontrándose de bruces con nuestra propia Gobekli Tepe, como una punzada de que hay mucho detrás, encaramados a las columnas, observándolas cara a cara, y compitiendo a ver quién veía el canecillo más espectacular. Así permanecimos en silencio, en el mismo silencio que decoraba esa gélida mañana invernal en la planicie segoviana, y el mismo sosiego que encontramos la necrópolis visigoda que descansa a escasos metros de tan singular iglesia, en el idéntico silencio que la figura borrosa desaparecía tras el horizonte en el retrovisor de nuestro coche.
Vista desde el interior del pasillo corredor, al fondo la necrópolis visigoda

 

Vista de la fachada sur de la iglesia desde la necrópolis

 

Necrópolis. En actual estado de abandono, posiblemente en finca particular. Vallado

Pero todo el entorno del Duratón tenía muchas cosas más que enseñarnos. A pocos kilómetros de nuestro primer enclave se encuentra Sepúlveda, una villa de rebuscado acceso por estar enclavada en varias alturas. Esto le confiere unos hermosos miradores hacia el norte y el sur, donde se pueden apreciar diferentes vistas de toda la ciudad, que parece caer como un racimo, grácilmente ordenado.

Vista desde el mirador, en las inmediaciones de la calle cárceles

Digna de mención es la iglesia que corona el pueblo, que parece vigilar todos los alrededores, San Salvador, maciza y fría, pero inmejorable verla con las cumbres al fondo, cubiertas de nieve. Se cree que pudo ser la primera iglesia románica de la provincia de Segovia. Tiene un campanario exento del conjunto eclesiástico, que se cree que pudo ser utilizado con fines militares por la proximidad a tierras conquistadas por los musulmanes.

San Salvador, dominante desde las alturas

De Sepúlveda destacan varias festividades que harán las delicias de los amantes del folklore popular, como la Fiesta de los Fueros o El diablillo (fiesta de corte similar a la de Jerez de los Caballeros, en Extremadura).

La Virgen de la Peña es el otro gran templo que saluda al visitante que se acerca a Sepúlveda por vez primera, aparece al otro extremo del municipio, en menor altura, y más moderna construcción, en torno al siglo XII o XIII.

Detalle del tímpano con el pantócrator en mandorla romboide y el Tetramorfos
De ella destaca el precioso y detallado tímpano con tres arquivoltas que nos da la bienvenida para acceder al interior del templo, donde corona toda la talla un pantocrátor sentado, una iconografía muy recurrente en esta época, sobre todo en tierras más al norte. Este es el único ejemplo de este tipo de puerta en toda la provincia de Segovia.
Vista exterior de La Virgen de la Peña

 

Lápida con relieve antropomorfo e inscripción

Del interior, modesto y de una sola nave, rematada en un ábside semicircular. El retablo, barroco, conserva una talla románica de madera policromada del siglo XII con la figura de la Virgen de la Peña, a la que se consagra el templo.

Todo el suelo de la iglesia está conformado por lápidas, ya se sabe que esta costumbre ha estado muy extendida en los templos religiosos, las personas que podían permitírselo tenían la oportunidad de encontrar el descanso eterno en el interior de la iglesia,  y a mayor poder adquisitivo mejor situación dentro de la misma. Es algo recurrente en la mayoría de los templos de nuestra geografía, sin embargo, nosotros nos sorprendimos con esta lápida en concreto, por el cuidado relieve y leyenda que adorna toda la losa.
Si se detienen un momento podrán observar en el exterior de la misma columnas adosadas y ajedrazados múltiples que adornan todo el ábside del templo.

Y siguiendo con la espiritualidad, emprendemos camino a un remanso de paz privilegiado, no demasiado lejos de Sepúlveda, la que parecemos no abandonar del todo.

El Parque Natural de las Hoces del Río Duratón constituye un espacio natural protegido, declarado Parque Natural en 1989. La formación se la debemos a los meandros que forma este afluente del río Duero a su paso por las zonas calizas que hay entre Sepúlveda y Burgomillodo. Actualmente es una zona especial para la conservación de las aves, y alberga gran diversidad de flora y fauna en sus más de 5000 hectáreas salpicadas por sabinas y bosque de ribera entre otros ecosistemas.
Vista del meandro de las Hoces del Duratón y la Ermita de San Frutos
En este enclave único, de cañones y hoces afiladas, algunas de más de 0 se exhibe el sinuoso meandro creado por el Duratón, que ciñe a una pequeña península la ermita de San Frutos, como un último bastión a conquistar, solemne y resistiendo al paso del tiempo y la compañía punzante del viento.
Debemos admitir que personalmente nos marcó. La forma geológica de las hoces, las vistas, esa espectacular ermita en el sitio más recóndito de toda Castilla, y los buitres surcándonos, regalándonos su vuelo, una obra de ingeniera y naturaleza magnífica.
Observando el majestuoso vuelo de los buitres
Allí nos sentimos parte del mundo. Ese mundo que no sólo ocupan humanos. Sólo somos una porción de ese mundo animal-vegetal-mineral que habita el pequeño y pálido punto azul.
Lo olvidamos con demasiada facilidad.
Nos cuesta asombrarnos con lo cotidiano, metidos en nuestras macrociudades en las que no hay cabida para más que tiendas y contaminación. El consumo. Lo trivial. Lo fugaz. El placer inmediato. La pulsión exigente y efímera.
Pareja de buitres leonados en pleno vuelo

 

Ermita de San Frutos
Peró ahí estaban los buitres, sintiéndonos parte de su ecosistema, llegando a pasar verdaderamente cerca, porque todos somos fruto de una misma Madre. Tan cerca que en nuestra admiración, pudimos percibir perfectamente el afilado siseo de sus vuelos y planeos, rasantes a nosotros, como en un saludo a los que con respeto y admiración los contemplan. Como entendiendolo todo.La ermita guarda secretos, leyendas y peculiaridades, además de las imponentes latitudes donde está enclavada. De hecho, la historia atribuye no pocos milagros al Santo que da nombre a la construcción, como este de “La despeñada”:
– Cuenta la leyenda que en torno al 1220, un marido preso de los celos, empujó a su mujer, presuntamente adúltera, a la hoz de San Frutos, arrojándola a un vacío que supondría una muerte segura para ella. Milagro o no, lo cierto es que a la mujer no le ocurrió nada, salió ilesa del percance, y en modo de agradecimiento donó todos sus bienes al priorato que ahí existía con lo que consiguió una larga y próspera vida. Actualmente en el atrio su tumba, a la que no hemos podido acceder, reza lo siguiente: “Aquí yace sepultada una muger de su marido despeñada y no morió i hizo a esta casa lymosna de sus bienes”.
Vista del ábside y la espadaña desde el acceso a San Frutos

 

Interior de la Ermita

 

Declarada Monumento Histórico Artístico, he aquí un curioso detalle de la fachada,
ojos, bajo la imposta donde se asienta un arco de medio punto


 

Cruz de las 7 llaves, enclavada en la perspectiva del arco ojival que nos recibió a la entrada 

Dejando hasta una próxima visita las hoces, las tumbas de los santos: San Frutos, Santa Engracia y San Valentín y por supuesto a los fabulosos buitres leonados, emprendemos un regreso a casa, no sin antes visitar otros enclaves, pero eso ya será harina de otro costal, especial dedicado a otras joyas desconocidas con mensajes ocultos dispuestos a ser descifrados de nuevo…

Tumbas de los santos: Santa Engracia, San Frutos, San Valentín

¿Os atrevéis a intentarlo?

Ermita de San frutos: Latitud 41.3245611917 Longitud: -3.8791171275