Julio Cervera

plano_profesorA contracorriente. Así es la vida de algunos inventores. Contra viento y marea. Más si se es republicano en tiempos de monarquía, liberal en un mundo conservador, masón en un país con unas fuertes raíces católicas, y español, como nuestro olvidado de hoy.

Si preguntan por la calle quién es el inventor de la radio, una amplia mayoría dirá que Marconi. Algún erudito dirá que Tesla. Y es que el gran Nikola Tesla es uno de los adelantados en este campo, como Hertz, como Fessenden, o como nuestro Julio Cervera.
Ninguno de los citados se llevó la fama ni el Premio Nobel que recaería en Guillermo Marconi.

Y es que, ya sea de forma inalámbrica o no, la política mueve muchos hilos y cierra muchas puertas.

Nuestro protagonista: militar, inventor y político, demostró unos ideales que aunque a contracorriente, defendería toda su vida.
Ya desde su juventud, en una valenciana Segorve ocupada por los carlistas, empieza a interesarse por el republicanismo y a adoptar un ideal liberal y anticarlista. Decidido a ello, deja los estudios e ingresa en el mundo militar, cuya prueba de fuego fue precisamente luchar contra los carlistas en Aragón, a quienes derrotó.

Aficionado e interesado por el exotismo del continente africano, inicia una serie de viajes a Marruecos, en busca de conocimiento, que plasmaría en una serie de escritos, que hoy llamaríamos libros de viaje.
Años más tarde se le encarga una difícil misión. Junto a un grupo militar y científico, deben atravesar el Sáde nuevo, Republicano Radical, hara para firmar un tratado con las tribus saharauis. Sería la primera expedición científico-militar en este territorio y la incorporación, mediante el tratado base, al territorio de España. Fue el inicio de su efímera fama.

Nombrado Comandante y recibido con todos los honores, volvió a caer en descrédito al reconocerse masón en un país fuertemente católico y conservador, y con notables dosis de envidia entre sus iguales. Así pues, fue mandado a Tánger, y es devuelto de nuevo a Madrid por su General, fuertemente conservador. Tras ello, Julio Cervera se revela y tras una conferencia proliberal y crítica hacia su mando es conducido a la cárcel, en la que estaría 6 meses.oldradios-30

Tras sus primeros periplos políticos, Estados Unidos hace estallar el Maine, injuriando como autor de los hechos a una España debilitada, que perdería todas sus posesiones.

Es enviado a Puerto Rico a sofocar la sublevación. Allí, junto a 256 hombres, consiguieron hacer frente a los 2.000 americanos que planeaban su avance, pero tras la rendición ordenada desde España, vuelve, no sin antes, haber investigado en los campos de la energía fluvial y en la telegrafía.

Y es aquí donde nuestro ilustre olvidado recorre Europa estudiando (y también trabajando como espía) en países como Francia o Inglaterra, donde trabajó durante 3 meses con Marconi, llegando a mejorar su invento telegráfico, duplicando e incluso triplicando su velocidad de transmisión.

Ávido de estos progresos, continua sus investigaciones y prácticas, y consigue en 1901, establecer contacto telegráfico entre Ceuta y Algeciras, algo que no creyó la comunidad internacional, incapaces de dar crédito a que este militar español pudiese ser capaz de comunicar a 32km, cuando el máximo conseguido hasta entonces eran 10km.

Hastiado, vuelve a hacerlo en 1902, esta vez entre Jávea e Ibiza, lo que son 96km.
Los experimentos fueron brillantes y según las últimas investigaciones, llegó a transmitir voz entre un sitio y otro. Todo esto ocurre 11 años antes de que Marconi hiciese la, supuesta, primera transmisión de voz de la historia.
Para ser correctos, ni siquiera la de Julio Cervera fue la primera, ya que Fessenden había conseguido enviar voz en 1900, aunque en una distancia de 1’6km.

A pesar de todo, y quién sabe si por presiones estatales, que habían firmado ya un acuerdo con Telefunken, los experimentos cesaron.

Triste, desanimado y diagnosticado de depresión, volvió al más absoluto anonimato, con los altibajos propios de nuestro personaje, y es que, decidido a volver a la política, y tras conseguir un asiento en el Congreso como componente del Partido Republicano Radical, caer en desgracia de nuevo, tras la Semana Trágica de Barcelona, de la que se le inculpa como instigador.

Un genio nunca se rinde, y años después volvió a alcanzar la fama, creando el primer fármaco contra la diabetes, con el que se ganó el nombramiento Doctor Honoris Causa en la Universidad de Washington.

Pero la Historia siempre se portó mal con nuestro polifacético hombre, y tras años postergado, murió en Madrid en 1927.

Ningún periódico se hizo cargo de la noticia.

Sólo el olvido.