Isaac Peral

Es posible que, de entre todos nuestros “olvidados” todos hayamos oído alguna vez nombrar a Isaac Peral. Pero… ¿quién fue? 

Muchos lo definen como el Tesla español, aunque realmente tuvimos unos cuantos, y buena cuenta de ello da nuestro amigo Alejandro Polanco en su obra “Made in Spain. Cuando inventábamos nosotros”. Isaac Peral fue, ni más ni menos, que el inventor del submarino torpedero. Exactamente. ¿Está en el panteón de hombres ilustres? Me temo que no.

Este marino español sirvió durante su vida en la Armada Española, donde tuvo una intensa carrera. Participó en varios conflictos como “La Guerra de los 100 años” o la tercera de las Guerras Carlistas… pero no solo fue militar, sino científico interesado por la física y la meteorología (escribió un tratado sobre huracanes).

Cuando desarrolló su sistema de vencimiento de la presión subacuática con su ingenioso submarino entusiasmó al, por aquel entonces, ministro de Marina, con la mala pata de dejar indiferentes a los siguientes mandos que ocuparían el cargo. Fue gracias a la reina regente María Cristina que su invento pudo materializarse… y justo ahí es cuando comienza su desdicha. Ya sabemos del cainismo que llevamos arrastrando  los españoles como idiosincrasia personal y este no iba a ser un caso menor. Las autoridades coetáneas a Peral se dedicaron a difamar su invento, a denostarlo, a tirarlo por tierra. Hoy, sus descendientes siguen clamando justicia por lo que ellos llaman la “conspiración de Peral”. La mala prensa y el desprestigio al que se vio sometido este teniente de navío, le obligó a licenciarse de la Armada e intentar limpiar la imagen que sus enemigos habían mostrado a la opinión pública.

El submarino fue botado en 1888, y se cree que el empresario griego Basil Zarahoff (proveedor del Ejército español por aquel entonces, y que aparece en las aventuras de Tintín) pudo recurrir a sabotajes, sobornos y otras influencias ilícitas para frenar el pionero invento de Peral.

Aunque el submarino estuvo un montón de años en el lugar de su botadura, no se permitió llevar a cabo el experimento que Peral deseaba, que era cruzar el estrecho de Gibraltar sumergido hasta arribar en Ceuta. No obstante, este militar científico demostró que podía navegar con un rumbo prefijado y que su invento podía atacar a navíos de la superficie con un sistema novedoso de contrapeso en las cargas de forma que se equilibrase el peso de los torpedos una vez fueran lanzados, y elegir la profundidad que el comandante estimase para maniobrar.

El cartagenero obtuvo una negativa rotunda de todos los medios de comunicación para publicar un manifiesto contra la campaña que le desprestigiaba públicamente, por lo que tuvo que costeárselo el mismo tras licenciarse, sumido ya en el ostracismo social.

Apenas unos años más tarde de este ingrato suceso, Isaac Peral fallece en Berlín (1895), donde iba a ser operado de un cáncer de piel, por una meningitis.

*Recordemos que en España no se volvió a ver un submarino hasta 1916 cuando el resto de potencias comenzaron a tener tecnología suficiente como para echar al mar sus naves por debajo del periscopio sin inundarse.