Antonio Longoria

No sé en que lugar de la Historia ni por qué motivo, se desdibujaron algunos de los nombres españoles más destacados. Perdidos de los libros, de la tradición oral, de los homenajes, de los galones con los que mostrar orgullo.

De algunos “solo” hemos perdido su cuerpo; de otros, casi todo lo que hicieron, y tan solo quedan pequeños reductos donde poder encontrar algo de información de los mismos.

No me refiero a ningún tipo de salvapatrias, sino a personas que con su ingenio, brillantez, en su mayoría visionarios, adelantados a su tiempo, hubieran contribuido, de haber nacido en otro país y en otras circunstancias, a llenar los panteones de hombres ilustres, y se les rendiría justo tributo en fiestas señaladas.

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Pero nuestra idiosincrasia es diferente, distinta, atípica en la mayoría de las ocasiones.

Si nos ponemos a pensar en el inventor de la radio, el primer impulso de la memoria será visualizar el nombre de Marconi… otros, inconformistas del simple titular de la noticia, llegarán a perfilar otro gran nombre, como fue Nikola Tesla, y, después de eso… solo algunos acabarán acercándose a la figura de Julio Cervera, un nombre que suena demasiado español y que parece muy poco atractivo de cara al marketing… pero que fue, en gran medida, precursor de este medio de comunicación tan revolucionario.

Pues bien. No sólo con la radio o la máquina de Rayos X de Mónico Sánchez nos ha ocurrido algo similar, sino que los españoles también hemos estado a la vanguardia de otros proyectos de envergadura, como es el caso de Antonio Longoria, el creador del “rayo de la muerte”, algo que “a priori” puede parecer bastante apocalíptico.

Este artilugio nació, como en muchas ocasiones, como algunos grandes hallazgos, por casualidad. Nuestro protagonista se encontraba investigando técnicas de cura contra el cáncer, mediante altas frecuencias y, prácticamente sin querer, creó esta maquinaria extraña, capaz de licuar la sangre de un ser vivo a cierta distancia, disparando un rayo mortal. Parece ser que este artefacto era capaz de atravesar hasta gruesas planchas de metal y aniquilar -sin dolor aparente- a los sujetos (animales) que se encontraban al otro lado.

Esta particular historia se llevó a escena por el equipo de recreaciones de Cuarto Milenio, donde se recreó el emisor aniquilador, como no podía ser de otra forma, por parte del artesano del programa, Juan Villa, y se rodó en 2014 en un polígono industrial cerca de Madrid. Click aquí para ver el reportaje fotográfico y el making of del rodaje.

Se sabe el concepto del rayo desintegrador obsesionó al magnífico Tesla hasta el final de sus días, y hay quien asegura que en un cementerio de Florida (Estados Unidos), tras la muerte de Antonio Longoria se colocó en su tumba una lápida que reza el siguiente epitafio: “¡Dijeron que no se podía hacer! Él lo hizo”.

Antonio Longoria, creyó, por encima de sus sueños, en sus posibilidades, eso hizo que consiguiera cosas que no sabía que eran imposibles. Por eso las realizó.

** Para saber más sobre éste y otros inventores geniales, recomendamos “Made in Spain” de Alejandro Polanco Masa. Una recopilación de españoles y españolas brillantes, que se situaron en innumerables ocasiones a la cabeza del progreso, hasta que… por desgracia o por idiosincrasia, quién sabe, el olvido terminó silenciándolos… Lectura muy muy recomendable.