Joyas del norte de Cuenca – Beteta y Solán

Agosto 15, 2015 en Castilla la Mancha, España, Península ibérica

La gran ciudad nos engulle. El agobio de estas olas de calor, asfixiantes si le sumamos la contaminación palpable e irresuelta, se une a nuestro estrés diario debido a tanto trabajo.

Necesitamos desestresarnos. Y hay un sitio que parece ayudar a ello._MG_9487

Conocíamos parte de Cuenca, y nos encanta el sur de Guadalajara, con su Parque Natural del Alto Tajo (que comparten ambas provincias). Así pues, nos encaminamos, después de un poco de investigación por internet, a conocer esa parte limítrofe entre las dos zonas… entre el comentado Parque Natural y el famoso Nacimiento del Río Cuervo.
Nos vamos a Solán de Cabras y a la hoz del Beteta.

_MG_9528

Todos conocemos el agua de Solán, reconocida como una de las 200 mejores aguas del mundo, y la mejor de España, pero pocos conocen, incluidos nosotros, el sitio de donde emana.
Tras 2 horas y media de viaje desde Madrid (son 180 kilómetros, que parecen 300 debido a la cantidad de curvas en los últimos tramos, lo cual nos retrasa) llegamos al Real Balneario de Solán de Cabras, llamado así porque cuenta la historia que un rebaño de ovejas muy enfermas, fueron a zambullirse al manantial y a beber su agua, y salieron sanas y muy espabiladas. Y real porque, siendo famosas las propiedades curativas de esta agua, acudió a sanar un ministro de Carlos III, quien las recomendó y proyectó sobre ellas la construcción del balneario. Carlos IV y Fernando VII confirmaron su condición de Regio.

Lo real y cierto es que uno parece estar en otro mundo. Las condiciones de paz y tranquilidad son absolutas. Y es que estamos en medio de la nada, o del todo, de la plena naturaleza, verde, atravesada por las aguas del rio Cuervo, del que dista poca distancia de su nacimiento.

_MG_9483
Allí, alejado de “la civilización”, y a un par de kilómetros de su planta embotelladora, con el manantial, se erige el balneario y un precioso hostal a modo de coquetos chalecitos adosados.
A pesar de que todo ello es atravesado por el mencionado río, que llega a orillas del manantial, el agua que se embotella y por el que es famosa, no tiene nada que ver con este curso de agua sino con un depósito subterráneo del que brota agua de hace 400 años (del manantial salen la friolera de 8 millones de litros al día).

Ya allí, emprendimos una ruta andando que nos llevaría a lo alto del monte, a la Cruz de Solán, tras andar un par de kilómetros y ascender hasta los 1200m de altitud. Aún siendo pleno verano y con el verde la vegetación y el musgo de la umbría, el paisaje se presenta de lo más otoñal, en un aire un tanto jurásico (y es que así fue, y la zona se consideró territorio de dinosaurios). Una vez allí se puede caminar hasta el Castillo de los Siete Condes, el cual nos llamaba la atención, pero como se nos echaba encima el anochecer, regresamos.

_MG_9499

Nada mejor después de la caminata que descansar en la terraza del restaurante, al lado del río, con una caña bien fresca, para dar por concluida la jornada.

Y el día siguiente empieza a unos 5 km de allí, en la hoz de Beteta.
Sin duda, es un paraje recomendado. Verde, lleno de un agua que fluye entre escarpadas rocas. Merece mucho la pena coger uno de los senderos que salen de allí, bien sea la ruta botánica, el paseo de los tilos, o el camino hacia la Cueva de la Ramera, que es el que decidimos coger nosotros.

Caminando por allí el tiempo se detiene, con el silencio solo roto por el piar de los pájaros. Caminamos entre tilos y decenas de mariposas, a la vera del curso del Guadiela.

Casi llegamos a la cueva cuando se hace a un lado de nuestro recorrido una preciosa cascada con un puente de madera sobre el que pasamos, y una vez traspasado, allí aparecen las escaleras hacia la gruta, que asemejan las escalas de entrada a una mina o la típica salida de emergencias de un edificio neoyorquino.

_MG_9677Arriba, nos ponemos los cascos y nos adentramos con nuestro guía hacia las profundidades. La visita guiada son 5€ por persona, y merecen mucho la pena. No se puede visitar de otra manera, debido a que no hay luz dentro para no dañar la cavidad, por eso, en parte, lo de los cascos, además no hay mejor forma que visitarla con alguien tan ducho en la materia como nuestro cicerone, y mejor incluso cuando la ruta es solo para estos dos humildes viajeros.

La cueva se estima que tiene una longitud total de 12km, que llegarían al Castillo de los Siete Condes, muy cerca de Solán de Cabras, y con una finalidad estratégica.
En efecto, es una cueva natural, pero en algunos puntos el hombre la ha condicionado muy levemente.

El propio nombre de la Cueva de la Ramera viene de época árabe, cuando el gobernador musulmán, se enamoró de una campesina cristiana que vivía en una localidad próxima.
Al no poder verse de facto, debido a las tensiones que desataba que un musulmán se fuese con una cristiana, y viceversa (por ello entre los cristianos insultaban a la campesina, a la que llamaban ramera), el gobernador decidió que se visitarían en esta cueva. Allí viviría la chica, con una cohorte para que no le faltase de nada (el alimento era almacenado en una alhacena de la que hoy podemos ver algunos restos, justo en la entrada).

_MG_9845

Lugar, en efecto estratégico, no solo desde el punto de vista amoroso, sino bélico, ya que como decimos, daba salida al Castillo de los Siete Condes, que era de dominio musulmán, cuando justo enfrente, al otro lado de la hoz, estaba el territorio cristiano. Por tanto servía como túnel de huída.

De los 12km que se estiman, hay cuatro que, hasta hace algunos años, los espeleólogos podían visitar, con complejos entramados, pero al pasar a formar parte del Parque Natural del Alto Tajo, estas actividades cesaron. Lo que hoy podemos ver, lo que es el recorrido sencillo, a pie, es 1 kilómetro y medio, que lo hicimos en casi hora y media (y se nos hizo corto).

No estábamos solos. Nos acompañaron en nuestro viaje dos murciélagos de herradura pequeños (especie protegida), que eso sí, siempre lejanos a nosotros, decidían darse un garbeo aleteando por las galerías.

Entre estalagmitas, estalactitas y espolones, siempre con cuidado de no tropezar, seguimos descendiendo, caminando entre pequeñas lagunas de agua totalmente calma, auténticos espejos, y acordándonos de por qué no cogimos una manga larga (la temperatura en la cueva es de 10 grados y la humedad entre el 90 y el 100%).

_MG_9800

Al fondo de la cueva, nuestro guía nos instó a apagar nuestros frontales, y allí nos quedamos, en la oscuridad más absoluta, en el silencio más penetrante, como estar despierto estando dormido. Magnífica experiencia en la que vimos pequeñas geodas de cuarzo, una estalactita muy peculiar, realmente única, pues responde una formación que sólo se da aquí y es una especie de milhojas que indica los distintos niveles del agua que ha alcanzado la cavidad a lo largo de los siglos.

Encantados con la cueva, y lamentando que termine el viaje, volvemos a ver la luz, y, como lo nuestro son las grutas, pusimos rumbo hacia la Cueva de Armenteros, que se encuentra a 800 metros, pero a la mitad del recorrido nos batimos en retirada. Hay que tener en cuenta que en esos 800 metros, hay que ascender casi 300 en vertical, y se puede tardar 1 hora. Además hacen falta botas y palo de trekking o la subida se hace casi imposible (así como la bajada).

_MG_9855

Asfixiados, en nuestra mente se abrió la necesidad de agua, de un chapuzón bien fresco en cualquiera de las aguas de cuantos ríos bañan la región, pero tras intentarlo en la Laguna del Tobar (lugar de baño permitido, pero que no entendimos dónde estaba la zona acondicionada, pues esta todo rodeado de juncos y el suelo no nos daba muy buena espina) y en el Embalse de la Torca (con peor pinta y una misteriosa compuerta de cara al agua), al final llegamos a Cañamares, donde sabíamos que había zona de baño.

Y allí, en una especie de área recreativa, al lado de un camping, se abre una zona donde el río Escabas crea una piscina natural, muy bonita, muy apetecible, pero abarrotada de gente.

Pero nada mejor que un baño en agua bien fría, para relajarnos y poner rumbo a Madrid.

_MG_9880

Dejamos en el tintero, para una próxima excursión, la Cueva del Hierro, un complejo con una antigua cueva minera de época romana, y otra cueva natural donde se hace espeleología, la cual teníamos muchas ganas de practicar de nuevo. La ruta normal, guiada, son 5€ y la ruta espeleólogica asciende hasta los 20€ por persona.

Ilusos de nosotros, que creíamos poder abarcar en un fin de semana lo que la zona norte y la serranía de Cuenca daría para una semana y media muy gustosamente.

Y es que, a veces, donde menos lo espera uno, se encuentra verdaderas joyas.