De las ilustres tumbas perdidas (I)

enero 6, 2014 en España, Madrid, Península ibérica

En cada post, la Nave íbera deambula por la piel de toro en busca de nuestro patrimonio cultural, nuestros rincones secretos, elementos vivos. Hoy nos decantamos por elementos menos vivos, pero tan secretos y desconocidos como los que más, y sin, tan siquiera, movernos de la capital. Vamos en busca de nuestros más ilustres compatriotas, creadores de ingenio y obras maestras, nuestra mejor carta de presentación allende los mares.
Es el caso de Miguel de Cervantes. Del más ilustre de nuestros escritores se sabe qué escribió y dónde vivió, aunque se desconocen en buena medida sus orígenes, y no se tiene una total seguridad sobre su lugar de nacimiento, aunque con bastante probabilidad esto ocurriese en Alcalá de Henares.
Lo que no se sabe a día de hoy es el lugar exacto en el que reposan sus restos.
Se sabe que vivió en Madrid, en el llamado “Barrio de las Letras”,  que entonces recibía el nombre de Barrio de las Musas, en lo que hoy es la Calle Cervantes. La casa fue comprada bajo subasta pública y cayó en manos de un tal Luis Franco, que quería derribarlo y edificar de nuevo.
Placa en la casa de Cervantes de la calle homónima
Pese a los intentos de Ramón Mesonero Romanos, escritor y bibliotecario de la villa de Madrid, de convencerle y re-comprar la casa en nombre de Fernando VII, el inmueble fue finalmente derribado, y en la nueva construcción se colocó una placa conmemorativa, que se ha mantenido hasta nuestros días.
Vista de la fachada del convento de las Trinitarias

 Allí fue donde vivió sus últimos días don Miguel de Cervantes Saavedra, que murió a los 68 años, de diabetes, y que por deseo propio, fue enterrado en el Convento de las Trinitarias Descalzas, muy cerca de su hogar. Con las sucesivas reformas se ha perdido el emplazamiento original de los restos. Un estudio reciente estima en aproximadamente 100.000 euros el rescate de los restos, entre las labores de búsqueda, de pruebas científicas, y clasificación. Parece que es mucho dinero por nuestro más inmortal manco, porque de momento la propuesta no se ha llevado a cabo.

Vecino de Cervantes, en su misma calle, a unos 30 metros, vivió sus últimos 25 años otra gran figura universal, coetáneo suyo, y auténtico orgullo de las letras castellanas, Félix Lope de Vega y Carpio.
 
Calle de Lope de Vega
Placa de la casa visitable (gratuitamente) donde vivió Lope de Vega
Los suelos del barrio de las Letras rezan textos como este 
 
Se sabe a ciencia cierta, que Lope fue enterrado en la Iglesia de San Sebastián, en la calle Atocha.
Curiosa iglesia con bastante historia, testigo de los matrimonios de Larra, de Zorrilla, Bécquer, o Valle Inclán, o los oficios por la muerte de Espronceda, Churriguera, el citado Cervantes, o Lope de Vega, entre otros.
Se sabe que es enterrado en el cementerio anexo a la iglesia, y tras la desaparición del camposanto, por diferentes remodelaciones, donde hay hoy una floristería, los restos de los que allí descansaban fueron llevados a un osario, presumiblemente en la cúpula, dándose el curioso caso de tener que compartir espacio con uno de sus enemigos, Juan Ruiz de Alarcón, también enterrado allí.
Exterior de la fachada de San Sebastián
Interior de la Iglesia de San Sebastián, con un repujado y precioso retablo
Bajo el Cristo Crucificado reza la placa que certifica el enterramiento de Lope de Vega
Y poco más se sabe de los restos. La iglesia es un adalid de la mala suerte. Quemada y saqueada por grupos anticlericales en agosto del 1936, fue víctima de una bomba de la aviación franquista dos meses después.
Plaza de los Ramales, ¿última ubicación del cuerpo de Velázquez?
Peor suerte corrió Diego  de Silva y Velázquez, de cuyos restos no se sabe absolutamente nada.
Al morir, el 6 de agosto de 1660, fue enterrado, con pompa y honores, los que se merece aquel que maravilló al mundo de la pintura, en la Iglesia de San Juan Bautista.
Esta iglesia se situaba en lo que hoy es la Plaza de Ramales, en las inmediaciones del Palacio Real. Y decimos se situaba porque, a pesar de ser una de las iglesias más antiguas de Madrid, siendo del s.XII, fue demolida durante el mandato de José I Bonaparte, y con él todas las esperanzas de encontrar a tan insigne pintor.
Sin embargo, en 1999, durante la construcción de un aparcamiento subterráneo, se encontraron diversos restos arqueológicos que aluden a lo que fue la planta del antiguo templo.
Acceso al parking y vestigios arqueológicos pertenecientes a la Iglesia de San Juan Bautista
Interpretación del plano de la Iglesia de San Juan Bautista
Base de la columna homenaje a Velázquez
Tras exámenes y concienzuda búsqueda de los restos de Velázquez, no se encontró nada.
Y surgió otra línea de investigación, y es que en 1994 salieron a la luz dos momias del s.XVII, la misma época que la de don Diego, en el Convento de San Plácido. Los expertos se aferraron a un Real Decreto de José Bonaparte que determinaba que los restos de los enterrados intramuros, fueran trasladados fuera de la ciudad, como prevención de plagas, excepto en el caso de personajes ilustres e importantes, que podrían ser transferidos a una iglesia o catedral dentro de Madrid.

Ya en años más reciente, a principios de este siglo XXI se encuentra un documento de Gaspar de Fuensalida, amigo íntimo de Velázquez, donde se colige que Gaspar pagó 3.000 ducados al convento de San Plácido por privilegios, en los que se encontraban derechos funerarios.

Detalle de la base del homenaje
Las momias son del mismo siglo, y tienen la misma edad que la edad a la que murieron Velázquez y su esposa, pero tras no poder llegar a nada concluyente, esta línea de investigación cayó en saco roto y lo único que sabemos a día de hoy, es que los restos de Diego de Velázquez están perdidos, como tantos y tantos otros, por desgracia para el orgullo patrio, por fortuna para el olvido y por desidia de lo que podría ser hoy un verdadero panteón de hombres ilustres, tantas veces intentado y tantas otras caído en agua de borrajas.

Leyenda del homenaje a Velázquez en el tercer centenario de su muerte