Cáceres – Llave al origen

febrero 20, 2014 en España, Extremadura, Península ibérica

Extremadura, tierra de conquistadores, de romanos, de yacimientos.
Tierra fecunda en Historia.Desde las míticas Hurdes, hasta los judaizantes pueblos del sur de Badajoz.

Las dos provincias más grandes de España están colmadas de leyendas, de preciosos y suntuosos monumentos, como sin duda ese Cáceres Patrimonio de la Humanidad, y por supuesto, también están, en parte, redimidas al olvido.

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Cómo sabréis, nos interesamos más por ese lado, que por el conocido, que sin duda, es digno de visitar. Pero más digno nos parece, rescatar la vieja Historia. Monumentos enterrados vivos, como cuna de un saber que quiere aflorar pero no puede. De lo insólito, de lo sagrado.

Nos adentramos en Cáceres, y sin desviarnos demasiado de su capital.Cargamos nuestros enseres, nuestros libros y nuestra ilusión y recorremos la vieja carretera que conecta Cáceres con Badajoz. Una desconocida maravilla que nos llevará por castillos, como el de Las Seguras o las Arguijuelas, por ruinas medievales, o dólmenes de hace milenios.

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Pasando el castillo de las Seguras, actualmente en propiedad de los descendientes de aquellos a los que fue otorgado hace 600 años (con un ilustrísimo linaje), encontramos un sendero por el que ir camino a un enclave muy especial;  la Torre de los Mogollones._47B7328

Dispuestos a andar, y bien calzados, andamos largo trecho hasta que vislumbramos en el horizonte la gran torre medieval, antaño de gran esplendor, del linaje de los Mogollones, familia que formó parte en la reconquista.

Hoy en día duele observar el deterioro al que está expuesto, sirviendo de granja y finca para las reses, en la nada más absoluta, esperando con el viento, aires más apacibles y quizá algún porvenir más luminoso.

Y ahí estaban las susodichas vacas, mirándonos de reojo, algunas con temor, otras de ojeriza, hasta las hubo que nos persiguieron por todo el campo y no cejaron en su empeño, manteniendo el ojo avizor, y la cornamenta bien visible, ante nosotros, simples curiosos._47B7319 _47B7404

Después de intentar esquivar a tales bestias, que realmente impresionan (sin barrera o capote de por medio); y tras guarecernos tras los muros de una de las fincas, llegamos, bordeando por el lado septentrional, a la ermita de San Jorge, donde el nivel de deterioro es para llorar._47B7367

Vergonzoso ver como parte de nuestra historia sucumbe al poder de las aguas,  ya que hoy en día sirve de triste abrevadero para las vacas, permitiendo la húmeda agonía de unas pinturas con casi 500 años de historia, obra de Juan Ribera, y que realmente asombran por su gran colorido y viveza.

El terreno estaba anegado, y, a través del lodazal, pudimos adentrarnos, en la medida que pudimos, para admirar estas obras, realmente curiosas y enigmáticas, a las que algún desalmado ha privado de vista, pues todas las figuras, exceptuando el Cristo y Dios Padre, carecen de ojos, borrados a golpe de cincel y con mala saña.

Deplorable coyuntura ven aquellos a los que el arte les llega adentro. Apoca el alma ver el estado tan lamentable al que sometemos a nuestro pasado, nuestra Historia, el saber de nuestros antepasados. Yaciendo bajo fango, a la opuesta de unas autoridades que no ven, sino que cuantifican y materializan. Siglos de memoria que pasan al olvido por no saber cuidar las tierras que, por gracia, les otorgamos los habitantes de esta tierra.

Deseando que la ermita pueda ver siglos mejores, si es que aguanta más de 50 años, cosa difícil, emprendemos rumbo de vuelta, bordeando largamente los astifinos cuernos de las reses._47B7427

Y tras un par de kilómetros andando, con la ayuda de un tronco como bastón, tras pasar las vallas, cogemos el DeLorean, estableciendo esta vez en la pantalla una vuelta al calcolítico.

Así, llegamos; tras enfilar una carretera bordeada por una dehesa bajo una cortina de mansa lluvia, y nos adentramos en caminos, ya pacenses, entre encinas y alcornoques, jaras y quejigos, rumbo al dolmen del Lácara._47B7556

Cuesta adivinar cuántas personas conocerán esta maravilla de 5.000 años de vida, enclavada dentro de una zona prodigiosa, regada por el agua del rio Lácara y varios arroyos, y aderezada por preciosas piedras vestidas de musgo, haciendo sinuosas formas.

Allí yace este auténtico lugar de poder, zona de ritos y de enterramientos. Uno de los dólmenes más grandes y mejor conservados de nuestra piel de toro._47B7653 _47B7583

La estupidez humana y el ánimo de lucro son mayores que el universo, así que, lo que hoy conocemos es un yacimiento,  si bien se encontraba en medianamente buen estado, necesitaba una puesta al día, ya que fue utilizado como casa, y en el s.XIX se dinamitó por dentro para reutilizar su piedra en otros menesteres nada sagrados.

Sí amigos, es una constante, y más ejemplos encontraremos a lo largo de nuestro camino.

Algunas obras mueren por la dejadez, y otras por la sinrazón y la estupidez, tan propia de este homo sapiens que parece haber perdido en dos siglos su condición de sabio.

No obstante, debemos dar gracias por poder admirar este monumento, que sirve de guía, que nos impulsa a seguir, y que nos ha tocado de una forma muy espiritual, puesto que un impulso muy fuerte nos invadió, como quien se adentra en algo que reconoce, escrito en el ADN, en lo más íntimo y primigenio de nuestro ser.

Ahora parecía una travesía llegar hasta nuestro próximo destino, nuestro siguiente santuario de piedra, el dolmen de Carmonita._47B7674

Tras pasar la población que da nombre a este conjunto arqueológico, y sin poder hacer frente a las crecidas de los diferentes arroyos que por allí circulaban, dejamos el coche, nos calzamos buenas botas, y nos manchamos campo arriba, buscando los restos de ese lugar sagrado para nuestros antepasados.

Caímos en la cuenta de que lo importante no es el fin, sino el camino, pues, tras adentrarnos en una zona de merenderos allí pudimos ver el pequeño mausoleo que servía de rito para esos pobladores de finales del neolítico. Para otros, nada más allá de cuatro piedras que sirven de meadero público y sobre el cual vimos diversos pañuelos, y alguna lata oxidada. Así cuidamos de nuestro patrimonio más lejano.

La noche caía, así que decidimos hacer noche en Cáceres, un frugal descanso para una, posiblemente, dura jornada al día siguiente.

El día no podría ser más desapacible, con fuertes rachas de viento y llovizna, pero nos enzarzamos en los chubasqueros y fuimos en busca de una de las cuevas del calerizo municipal de Cáceres, la Cueva de Maltravieso._47B7736

No podíamos llevarnos un chasco mayor. La cueva estaba cerrada.

Entramos en el Centro de Interpretación en busca de información, y no sólo es que la cueva estuviese cerrada de manera momentánea, si no que estaba cerrada de manera definitoria y definitiva.

Pinturas rupestres, cerámica, o restos de lanzas y demás artilugios del Paleolítico y Neolítico. Todo ello dentro de una cueva descubierta en 1951 gracias a una explosión para abrir oquedades para la minería.

Hasta 1956 se estudia y se da en la certeza de los restos, pero parece que a nadie le importa en demasía, pues sigue siendo explotada hasta 1961.

Y los infortunios siguieron aconteciendo en este lugar, pues la cueva sufría las entradas de vecinos  que entraban a robar estalactitas, a tirar la basura o a destruir lo que quedaba. A tanto llega la cosa, que la reconstrucción de la cueva, que podemos ver en el Centro de Interpretación, también ha sufrido el deterioro y  ha sido víctima del robo de alguna estalactita.

Igual suerte corrió un abrigo cercano a Maltravieso, que sirvió de vertedero y se encuentra en pleno polígono industrial.

Ante tal coyuntura, se decidió cerrar Maltravieso al público, y tan firmes fueron en esta decisión, que actualmente no se admiten visitas, ni con guías, aunque queda la remota opción de intentar acceder pidiendo un permiso especial al ayuntamiento, siendo el último que concedieron hace la friolera  de 8 años.

Con bastante rabia, por no visitar la cueva y por las atrocidades de las que es capaz de la raza humana, ponemos rumbo a Los Barruecos. Una maravilla geológica, a pocos kilómetros de Cáceres, que posee restos visigodos, romanos, y, en menor medida, también de arte rupestre._47B8397

Recorrer la zona es adentrarte en un mundo de hercúleas rocas, algunas con curiosas formas, que invitan a la imaginación; como la tortuga, o el tiburón. Un mundo hoy deshabitado, pero escogido hace miles de años como lugar-santuario, quizá por esa comunión con la naturaleza que hace que el hombre olvide a su alrededor._47B8295

En nuestra ruta pudimos ver tumbas antropomorfas medievales, vestigios romanos, grabados neolíticos, y, sin duda, un gran descubrimiento para nosotros, pinturas rupestres, en perfecto estado de conservación._47B8283 _47B8284

Reconocemos que fue nuestra primera vez, al menos con conciencia, en la que pudimos ver pinturas rupestres (esquemáticas), y si el fin fue magnífico, el camino para llegar a ese fin fue algo que guardaremos siempre.

Sabíamos que en determinada zona, había unas pinturas rupestres. Dentro de una roca, y en una situación aproximada. Así que allí nos fuimos. Pero no había nada._47B8325

Dimos vueltas, y mil vueltas. Nada. Corría el reloj, nos perdíamos. Nos adentrábamos dentro de zarzales y escalábamos rocas. Nada. Cuando el sol nos daba la advertencia de que en breves se iría a dormir, caímos en la cuenta. ¿Y si es por aquí?

Así, en una piedra caballera,  por un resquicio en el que apenas entraría una persona, con dificultad, y que jamás parecería que conduce a nada. Allí nos metimos.

Y por dentro, la roca semi-hueca, y en sus techumbres y paredes, las pinturas esquemáticas._47B8337 _47B8339 _47B8364

Alumbrando con nuestras linternas pudimos ver diferentes representaciones geométricas, y lo que parecieron ser un caballo y una cabra. Un hombre, otro, alguno más… Allí pasamos parte de nuestro tiempo, asombrándonos por el descubrimiento. Maravillandonos de tener delante de nuestros ojos miles de años de historia, en nuestra mano, ocultos del destrozo al que serían sometidos si estuviesen visibles como ocurrió en la cueva de Maltravieso.

Algo que nos cambió, nos unió, y que recordaremos.

* Si queréis tener una experiencia inmersiva en la piedra caballera o en la ermita de San Jorge, os invitamos a visitar estos enlaces a imágenes 360º que nos comparte muy amablemente Paco Pulido, vía twitter : @pacopulido_com