De ammmonites, petroglifos y pisadas

noviembre 16, 2017 en Castilla la Mancha, España, Península ibérica

Conocíamos el museo de Molina de Aragón por uno de nuestros programas favoritos de la televisión autonómica, el de “Historia secreta de Castilla la Mancha“. En él, acompañados por su director, Juan Manuel Monasterio enseñaba las joyas que tenía el museo por aquel entonces… siempre nos quedamos con ganas de ir.

Hasta este mes de noviembre. Sin planearlo demasiado cogimos el coche temprano rumbo a la otrora importante y disputada ciudad de Molina de Aragón, que recibe siempre al visitante con el impresionante perímetro de su castillo, elevado sobre la coqueta ciudad, cruzada por el río Gallo.

Si bien este lugar ha sido estratégico por disputas en la Edad Media (Castilla, Aragón, du Guesclin…), debemos remontarnos milenios atrás para saber que este mismo suelo ha sido y es fuente inagotable de riqueza y patrimonio, para empezar geológico, pero también paleontológico y arqueológico. (Estamos ante un Geoparque mundial de la UNESCO)

Para resaltar un dato os diré que el castillo es uno de los más grandes de toda España, sus proporciones son realmente colosales.

Pero no fuimos a visitar el castillo aunque las vistas desde el Puente Viejo (románico) nos encantaron.

Nuestro destino era su museo. Os puedo decir desde ya que superó con creces nuestras expectativas. El complejo acoge multitud de disciplinas para intentar dar una imagen global del mundo, del entorno, de la Historia y de la evolución. Hay sala arqueológica, paleoantropológica, un par de salas llenas de animales (bellamente disecados y donados por los servicios forestales, de los que son rescatados de la naturaleza) con unos maravillosos dioramas cuidados al detalle, y una sala que hará las delicias de todo aficionado a la entomología.

Sin duda, es el museo que siempre quise visitar de pequeña, con todos esos fósiles y ammonites (tengo predilección por las espirales áureas)… ¡pero si es que hasta tienen un Plesiosaurio completo!

El museo es una delicia, aunque se nota que no recibe toda la ayuda que debería por parte de las autoridades, por que no tiene promoción apenas y algunas estanterías y marcadores están un poco deteriorados, las piezas son realmente emocionantes. Hay decenas de fósiles en maravilloso estado de conservación, variados, brillantes, integrados, verdaderos conglomerados de Historia y Tiempo.

Para los niños es muy aconsejable la visita, sobre todo, reitero, la parte de dioramas y especímenes de animales: Hay lobo ibérico, oso pardo, lince ibérico, jabalí, ciervo, abejarucos, martines pescadores… Aunque hay algunos paneles en construcción, los que están acabados lo están con todo lujo de detalles, preservando fielmente el entorno de los animales, cuidando el detalle, y donde el trabajo del taxidermista brilla con luz propia.

Hay una parte dedicada al hombre y su evolución, y aunque para verlo de forma dilatada siempre recomiendo el museo de la Evolución de Burgos, para aquel que no tenga oportunidad de acercarse a esa recia ciudad castellano-leonesa, el museo de Molina puede dibujar un estupendo mapa de quienes fuimos y cómo fuimos evolucionando.

Se pueden observar fíbulas, reproducciones de cráneos, útiles neolíticos etc…

El museo es muy familiar, el entorno invita a sentir las piezas, a poder acercarse, escudriñarlas, incluso, con mucho respeto y cuidado, a tocarlas… eso no suele darse en este tipo de lugares, pero aquí, tenemos la suerte de poder acercar la punta de la nariz a la Historia y hasta acariciarla.

La visita que realizamos duró casi dos horas, aunque se puede realizar más rápidamente, nosotros nos fuimos recreando en cada objeto o ser que observábamos… yo estaba absolutamente ojiplática ante los ammonites…

Sí, he elegido la foto más fea de todas las que tengo, pero lo hago para recomendar encarecidamente la visita, que sean vuestros ojos los que descubran los magníficos ejemplares que hay, que se pierdan buscando mariposas en las vitrinas de colores, acariciando el durísimo pelaje del jabalí… Merece la pena. De verdad.

La entrada cuesta 2.50€ y ya os digo que os gastaréis más, por que veréis que tienen unas cajitas donde venden pequeños fósiles y minerales (joyerías etc…) y dudo que os resistáis a comprar alguno (los hay desde 1€).

Salimos del museo para la hora de comer y elegimos hacerlo en un restaurante muy cercano llamado La Ribera que ofrecía (aún siendo sábado) menú del día por 11€. Comida casera, muy muy recomendable. Es una buena opción, porque la relación calidad-precio ya os digo que es inmejorable.

Tras el avituallamiento decidimos acercarnos a un lugar un tanto separado de Molina en busca de icnitas de dinosaurios, lo habíamos conocido gracias al programa de CLM Televisión, y durante nuestra visita al museo aprovechamos para preguntar ubicación aproximada a Monasterio. Él, amablemente nos indicó y para allá nos fuimos.

Antes de llegar al sitio en concreto, en una ladera del camino del tierra, se puede apreciar como una protuberancia en el terreno… son los vestigios de una antiquísima mole de arenisca con interesantes grabados.

Estos petroglifos, que aún no tienen explicación, algunos (los antropomorfos) han sido datados en la Edad del Bronce (Prehistoria) y otros se cree que son precristianos o cristianos (las cruces y los orbes). A día de hoy no se conoce su utilidad, función o significado, aunque es posible que se reutilizasen a lo largo de siglos, hasta que se abandonaron. Se encuentran en buen estado de conservación, en parte, gracias a la despoblación de la zona. En nuestra visita vimos algunas marcas de cincel y pedazos de piedra arrancados… qué triste que la codicia de algunos termine destrozando el patrimonio de todos.

Tras observar el conjunto (de unos 25 metros de largo) durante un rato, seguimos el camino hasta llegar al paraje de las icnitas, que están unos cuantos cientos de metros más adelante, incrustadas en el suelo, no fácilmente visible con la luz del sol de otoño incidiendo de lado ya, porque caía la tarde, pero alguna si logramos identificar. Es un paraje especial, yo lo denomino “dinosáurico”. No cuesta imaginar a esos animales (algunos del tamaño de un T-Rex y otros del tamaño de un Psittacosaurus (reptiles más pequeños, de tamaños variables) cazando y viviendo en esta zona, sobre las areniscas; en lo que hace millones de años estuvo junto al mar… estremece pensarlo ¿no?

 

La tarde agoniza y no queremos perder la oportunidad de admirar los últimos rayos de sol en otra localización increíble, y que ha visto como subía su popularidad gracias al rodaje de Juego de Tronos… Es el castillo de Zafra, que se yergue imponente sobre una complicada orografía. Pues bien… este castillo (Torre de la Alegría en la serie), es el lugar donde nace el futuro heredero de Poniente (siento el spoiler); John Snow/Sand/Targaryen-Stark. Así que sí, John Snow es manchego ;).

El castillo de Zafra pertenece a la lista de Patrimonio español pero no puede visitarse por dentro, así que nos limitamos a contemplarlo por fuera mientras las últimas luces del atardecer potencian el tono rojizo de su construcción. Sin duda, es un lugar formidable, no falto de leyendas… se dice que en el perímetro interior del castillo hubo varias cuevas excavadas para dar seguridad y servir de almacén a las tropias custodias… nosotros nos quedamos sin saberlo, pero… ¿no es cierto que es más bonito pensar que así fue?

No os voy a ocultar que la última parada de la jornada fue una churrería en la preciosa localizada de Sigüenza… ya de noche, con un frío creciente… no hay quien pueda resistirse a un alto en el camino tan dulce y energético 😉 ¡y más en un lugar como Sigüenza!

En conclusión, ¡un día redondo!, ¡o en espiral! Como los ammonites 🙂